Nociones Fundamentales de Medicina Psiónica
La Medicina Psiónica es una nueva concepción de la medicina. Esta afirma que la capacidad sensitiva del Hombre manifestada en su sensibilidad radiestésica es esencial para comprender la verdadera naturaleza humana, la causa primigenia de la vida y de la enfermedad, determinando por medio de esta facultad los medios dinámicos idóneos para restablecer el equilibrio de la fuerza vital que constituye la salud y convertirse así, en el medio óptimo para que el Hombre cumpla el fin para el que fue creado.
Habiendo definido nuestra postura en una línea de pensamiento médico concreto, se hace necesario reconocer que nuestro primer enfoque debe ser el conocimiento del Hombre. Dicho enfoque debemos analizarlo desde las concepciones filosóficas y científicas humanistas, que conciban plenamente al Hombre y podamos así tener una percepción integral.
Si pasamos revista a todas las filosofías humanistas que se han preocupado por estudiar al Hombre, encontramos la coincidencia racional de todas ellas en su consideración acerca de nuestra naturaleza.
El verdadero ser humano es un ser simple y complejo a la vez, cuya observación y comprensión integral sólo puede ser lograda analizándolo bajo tres aspectos esenciales, indivisibles. Cada uno de ellos tiene elementos y características individuales y, al mismo tiempo, inseparables. Están relacionados entre sí e influenciados de tal manera que lo que afecte, influencie o beneficie a uno, afectará, influenciará o beneficiará las otras partes compuestas en un todo.
Estos tres aspectos reconocidos por las filosofías humanistas son el Espiritual, el Psíquico y el Orgánico, en este orden de importancia.
Esta concepción del Hombre, no como una tricotomía sino como una unidad indivisible, es la mejor lograda por el pensamiento filosófico, ya que posibilita la respuesta a las incógnitas físicas y metafísicas del ser humano, como podrían ser: origen, destino y objeto de la vida.
Al mismo tiempo, es verdaderamente importante esta concepción en el campo de la medicina, pues sólo así es posible, como exigencia, estructurar una medicina con la que se pueda influenciar benéficamente los componentes esenciales espirituales, psíquicos y orgánicos. De esta manera, le denominaríamos connatural y auténtica Medicina del Hombre.
Durante toda la Historia de la Medicina al hablarse de Medicina Natural en todas sus diferentes acepciones – Biológica, Holística, Integral, Energética, Tradicional, etc. – sólo se piensa para considerarla natural, en que estos elementos “naturales” no contengan mezclas de elementos químico-sintéticos. Suponiendo que así sea, se acepta que son naturales en sí mismos, lo que no implica su connaturalidad al hombre, que es lo que en realidad debe buscarse.
Por ende, es completamente necesario definir la verdadera naturaleza humana, pues ello permitiría encontrar una medicina que al llamarla Natural, no sólo se entienda “tomado de la naturaleza” sin mixturas ni elementos químico-sintéticos, sino que sea de la misma naturaleza del hombre al que se pretende influenciar con ella.
Es necesario señalar que ninguna medicina cuyos elementos terapéuticos hayan sido tomados de la naturaleza mezclándolos o extrayéndolos por medios químicos, puede ser considerada connatural al hombre.
Son productos naturales que, sin ser agresivos, ni son connaturales ni pueden ser completamente curativos. Son modificadores, paliativos, pero al mismo tiempo sus engañosos resultados traerán a la larga patologías más serias, oscuras y escondidas. Su influencia curativa no puede ser al cien por ciento, debido a su aproximación curativa a la verdadera naturaleza del hombre. Dicha naturaleza sólo puede ser conocida e intuida por el razonamiento de la antropología filosófica y la teología.
Si bien la medicina como tal nos hace conocer el aspecto orgánico en forma “casi” total con su magnífica y moderna tecnología, todavía no ha logrado encontrar al hombre integral. Partiendo de esta realidad, sabemos que la Resonancia Magnética, Magneto-encefalografía o Tomografía por emisión de positrones nos permite observar el trabajo cerebral o la emisión de pensamientos o los lugares específicos de la materia gris donde “anida” la visión y el “baúl de los recuerdos” que constituyen la memoria. Sin embargo, es evidente que esta información resulta incompleta para acercarnos al concepto de Hombre Integral que nos ocupa.
Por su parte, la Psicología nos describe casi completamente el mundo de las emociones y sentimientos con los cuales el ser humano se relaciona con sus semejantes y el entorno que habita y contempla. Esta descripción de nuestra psique nos distingue de todos los seres y aún así no tenemos al hombre completo.
Esta búsqueda nos conduce necesariamente a la Religión. Todas las religiones, a lo largo de la Historia, han tenido como razón de ser la comprensión del “Espíritu del Hombre”.
Es curioso que todas concuerdan en que este “Espíritu-Mente-Chispa divina” es el principio vital invisible e intangible, elemento primigenio de la vida, ordenador del movimiento y de la acción de la materia, de la emoción, de los sentimientos, de la conciencia del bien y el mal. Es el principio ordenante que gobierna, equilibra y armoniza todas las interacciones del pensamiento, de la psique y las funciones orgánicas.
Si este principio vital está presente, hay vida y movimiento; si está ausente, hay muerte.
Este es, pues, el hombre íntegro: chispa divina que nos participa la vida y el Ser; inteligencia creativa y ordenadora; espíritu que nos hace expresión de ese Ser.
La Medicina del Hombre deberá ser, entonces, connatural, por lo que deberá surgir de su propia mente y ser tan intangible como él. Por tanto, ninguna medicina química, material, animal, vegetal o mineral podrá sustituirla y llegar al verdadero hombre en sus aspectos esenciales. Mucho menos llegará al principio vital o chispa divina que lo anima y lo hace ser Hombre.
Ese principio vital presente en cada ser humano y en diferentes gradaciones en todo lo que existe, únicamente puede tener su origen en el Creador de ese Universo, Inteligencia Suprema, Autor y Rector de todo lo existente.
Los diferentes rangos energéticos, bioseñales o frecuencias vibratorias existentes en esa chispa divina universal están organizados de acuerdo con el número y posición de sus elementos atómicos y subatómicos. Así lo han demostrado los físicos modernos. Las galaxias, nebulosas, estrellas y todo lo que llena el cielo que contemplamos y la naturaleza que nos rodea: mares, ríos, plantas, montañas, cordilleras, microbios, personas y todo fenómeno biológico son originados y dirigidos por una frecuencia vibratoria específica que sostiene todo en un perfecto estado de interrelación.
Este equilibrio y armonía implican orden en cada fenómeno del universo y, en el caso del hombre, significa salud.
El siguiente elemento de observación del Hombre debemos hacerlo a la luz de la investigación científica, de aquella que busca “la verdad”
Ciertamente ha pasado ya el tiempo en que al hablar del pensamiento científico acerca del hombre -el racionalismo cartesiano- éramos conducidos hacia una segunda línea de pensamiento eminentemente mecanicista, que nos separaba totalmente de la concepción de cuerpo, alma y espíritu que nos es revelada por la filosofía occidental cristiana. Cada persona deberá ser libre de elegir la que le plazca.
No obstante algunos somos inconformes y tratamos a ultranza de llegar a distinguir la más cercana a la verdad.
En el intento de contemplar científicamente al ser humano considero necesario penetrar en el mundo de la física, única ciencia que puede aclararnos el origen de todas las cosas, así como la interacción de todos los fenómenos biológicos y la vida del hombre en la naturaleza.
No resulta aventurado concluir que en la actualidad los pensamientos filosófico y científico coinciden en su concepción sobre el origen del hombre y la naturaleza de su ser: un patrón electromagnético que sostiene y dirige la vida y mantiene su equilibrio y fuerza. Esto trae como consecuencia la sucesión de fenómenos biológicos ordenados. En el caso del hombre la salud deriva del perfecto funcionamiento de cada uno de los sistemas y órganos que lo componen. Todos ellos gobernados armónicamente por su respectiva bioseñal o frecuencia vibratoria.
Alcanzar este conocimiento es comprender de la manera más sencilla el proceso de la vida y del ser humano.
Por otro lado, la Mente es creadora de los más de 30000 pensamientos diarios. Estos son explosiones de energía positiva convertidas en órdenes que, al recibir un neuropéptido o neurotransmisor, provocarán que el cerebro “dialogue” con todo el organismo en una cadena incesante de comunicaciones.
Si estas órdenes son correctas, se traducirán en un buen funcionamiento, de lo contrario, se manifestará con síntomas, dando claros avisos del desorden funcional provocado por las órdenes erróneas.
Destello divino, chispa de eternidad, fragmento de la mente infinita y eterna. Esa es la realidad de nuestro ser – con minúsculas -. Tenemos el ser participado y esa participación nos lleva a buscar la plenitud, el SER, el Absoluto -con mayúsculas-. Tal vez nos falta adquirir conciencia de lo que somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos. El camino es evidente.
Cada movimiento del Universo, cada proceso de la naturaleza, cada fenómeno biológico y cada acción y reacción de la materia tiene como origen y es consecuencia de un patrón electromagnético o frecuencia vibratoria que lo gobierna.
De patrones electromagnéticos ordenados surgen procesos, fenómenos, movimientos, acciones y reacciones ordenados; de patrones desordenados sólo puede surgir caos y desorden.
Esta “realidad del ser”, contemplada desde la filosofía, nos parece única y verdadera. La visión científica no ha hecho sino reafirmarla en los últimos tiempos.
Dicha postura es práctica y fundamento de la Medicina Psiónica.
El Hombre, los elementos del Universo y todo lo que acontece en él tienen de origen su correspondiente rango energético ordenado. Si este hecho fundamental es aplicado al hombre y a la medicina, se infieren dos principios ya aplicados en su práctica terapéutica y afirmados por la Medicina Psiónica desde sus inicios:
- La perfección de la naturaleza por el orden de la frecuencia que origina sus fenómenos.
- La perfección de la salud por el orden de la frecuencia.
Este principio perfecciona el “arte de curar”. Camina en el sentido de principios universales invariables confirmado a la luz de la Filosofía y la Ciencia y ratificado por sus resultados en la práctica.El primero es de carácter y aplicación universal. El segundo es aplicable al ser humano y la medicina.
Cabe señalar que en la Historia de la Medicina, son tres las leyes o principios conocidos que nos explican en forma genérica la acción de la Terapia que se utiliza en un determinado momento.
Similia Similibus Curantur conocida como “Ley de los semejantes”, es base y sustento de la Ciencia Homeopática descubierta por Samuel Hahnemann.
Contraria Contraris Curantur o “Ley de los Contrarios” es aplicada casi en forma general por la Medicina Alopática, aunque no es reconocida oficialmente como principio base de su acción.
El tercer principio, Aequalia Aequalibus Curantur, es aplicado por la Urino Terapia, la Nosodo Terapia y es base de las vacunas aplicadas por la Escuela Alopática.
En estos tres principios de curación encuentran muchas Terapias la razón de su aplicación y efectividad terapéutica. Algunas de ellas, pese a su eficacia, no comparten estos principios.
El nuevo principio descubierto por el autor y estructurador de la Medicina Psiónica es más sencillo en su aplicación y superior en los resultados. Es un principio de orden universal.
A cada sistema, órgano, función, célula y fenómeno biológico del ser humano corresponde una frecuencia vibratoria específicamente ordenada para realizar la función que le fue asignada. De esta manera se posee una salud verdaderamente integral.
Cualquiera de estos elementos poseedor de un patrón o frecuencia vibratoria distorsionada, será incapaz de cumplir la función o fenómeno biológico que le corresponde. Acusará, entonces, síntomas a los que conocemos como una patología determinada.
La Radiónica y la Radiestesia son elementos fundamentales de la metodología de la Medicina Psiónica. Estas han permitido al autor obtener y representar geométrica y numéricamente en tarjetas de Radiónica el patrón electromagnético de cada uno de los elementos que componen la Esfera Orgánica, Psíquica y Espiritual del Ser Humano. Al impregnarlas en medicamentos de su terapéutica, pueden proporcionarse de manera sencilla al hombre enfermo. El hecho de corregir cada frecuencia distorsionada devolverá el correcto funcionamiento a cada célula, órgano o sistema enfermo, restaurando su completa salud.
Conclusiones:
Un nuevo enfoque filosófico como respuesta al reiterado reclamo de pensadores dentro y fuera del mundo de la medicina. Esta postura de ninguna manera se opone al concepto materialista del pensamiento científico actual. Al contrario, los hace coincidir en su conocimiento del origen del hombre.
La Medicina Psiónica posee un nuevo principio terapéutico convertido en Principio Universal invariable expresado como: “La perfección de la salud por el orden de la frecuencia”. Principio que, acorde a la verdadera naturaleza del Hombre, mantiene los rangos energéticos de sus componentes espirituales, psíquicos y orgánicos que proporcionan el correcto funcionamiento general de la vida humana.
El autor de la Medicina Psiónica ha obtenido por medio de la Radiónica la representación numérico-geométrica del patrón electromagnético de cada sistema y órgano del ser humano que controla su perfecto funcionamiento. Utilizando los instrumentos de la misma Radiónica convierte dichos rangos energéticos en elementos terapéuticos. Al proporcionarlos al paciente da inicio el reordenamiento dinámico de su fisiología energética, reubicándolo en el camino de la Salud.
De esta manera ha dado a cada elemento terapéutico el nombre respectivo dentro de la Esfera Psíquica, Orgánica o Espiritual a que pertenece. Por lo tanto, son obra, patrimonio y propiedad del autor de la Medicina Psiónica los conceptos, nombres y representaciones en tarjetas de Radiónica de sus elementos terapéuticos, así como la metodología de su aplicación.
Dr. Ramiro Jarquín Sánchez
(Transcrito de la 2ª edición de las Fórmulas Magistrales)