Descripción del fenómeno radiestésico
El fenómeno radiestésico se encuentra todavía para muchos en una zona desconocida entre lo real y lo subjetivo.
Esta situación encuentra su responsabilidad en todos aquellos que, al pretender explicarla escribiendo muchas obras acerca de ésta sin estudiar profundamente el mecanismo de su acción, crean hipótesis variadas y dedican más tiempo a enseñar su práctica, también variada, narrando principalmente los éxitos y fracasos de su experiencia personal en diversos campos de búsqueda.
 | La Radiestesia se ha constituido en el pilar de nuestro diagnóstico. Aquí vemos al Dr. Ramiro Jarquín en la sede de la Radiestesia en París, Francia. |
La investigación realizada bajo mi dirección en Medicina Psiónica acerca de las bases anatomofisiológicas del fenómeno radiestésico permiten concluir que el fenómeno depende básicamente de la acción mental y la reacción neurofisiológica depende del inconsciente hasta su final consciente.
Por lo tanto, la Radiestesia y su mecanismo no pertenecen a la física ni a las ciencias ocultas, sino a la psicofisiología.
En cuento a su origen, muchos pretenden verlo en la narración de la vara de Moisés en las Sagradas Escrituras (Ex. 17,5-7) que pertenece al orden de los milagros. Esto, a mi juicio, es algo completamente distinto, de otro orden.
La Radiestesia como arte, no como ciencia, principia como arte de la búsqueda, de las preguntas que los primeros seres humanos se hicieron para lograr su supervivencia, al buscar comida, caza, protección, agua, usando para ello el instinto regido por su inteligencia.
Los buscadores mejor dotados fueron, de hecho, los primeros radiestesistas sin péndulo, movidos por el instinto. Después descubrieron el instrumento, las varillas y el péndulo.
Los geomantes chinos, primeros de los que se tiene memoria escrita, fueron buscadores especializados 2000 años antes de Cristo.
Perdemos la pista muchos siglos y la reencontramos hasta 1602 con los trabajos radiestésicos del matrimonio Beausoleil. Con algunas menciones aisladas en siglos anteriores.
Es lamentable que, al no haber un conocimiento y estudio profundo de la Radiestesia, se desvirtúa la búsqueda, surja la adivinación, taumaturgos, hechiceros y también los primeros charlatanes.
Durante este tiempo el arte de la búsqueda y las preguntas recibe el nombre de Rabdomancia y rabdomantes o zahoríes sus practicantes.
Es el abate Bouly quien la bautiza con el nombre actual de Radiestesia, de su origen griego rayo, radiación y sensibilidad.
Emile Christophe llama Teleradiestesia a la prospección a distancia.
Actualmente, se define a la Radiestesia como sensibilidad a las radiaciones, lo cual, en mi opinión, lleva a la mayor parte de autores y seguidores a afirmar sin establecer las bases apropiadas, que con el péndulo se captan las radiaciones o emanaciones del objeto de la búsqueda.
Si bien, de acuerdo a la Teoría Electrónica de la Materia, todo lo existente en el universo emite radiaciones, y no es éste el mecanismo del fenómeno radiestésico como se concluye con el estudio anatomofisiológico anterior, por lo que es impropio partir de esta afirmación sin bases que ha llegado al colmo afirmando que también se emiten radiaciones con el péndulo.
Para mi gusto prefiero llamar a la Radiestesia «la clariobservancia de la intuición».
Su principio operatorio se basa en la ley de Bain, poco conocida, que nos dice: "A toda fijación del pensamiento, se produce una reacción neuromuscular obligatoria, involuntaria y automática".
Esta ley nos define claramente un fenómeno psicofisiológico inherente al proceso de la vida que transcurre a cada instante y para todo ser humano, que requiere por supuesto ciertas condiciones que explicar, ya que la Radiestesia depende del estudio y utilización del inconsciente, de la atención voluntaria y del pensamiento dirigido, debe estudiarse a éstos para conocer mejor su funcionamiento, pues toda percepción sensorial, y este arte es de «percibir», pasa por la memoria y suscita reacciones en el subconsciente.
El pensamiento pues hay que verlo sin lugar a dudas como el agente motor de la búsqueda radiestésica.
Esta acción comprende varios actos mentales:
1.- La acción fundamental de conexión para establecer la relación entre los diferentes factores de búsqueda.2.- Un acto de sensibilización de la mente respecto al objeto de la búsqueda.3.- El acto de exteriorización «dirigida» del pensamiento hacia el objeto de la búsqueda.4.- Un acto de percepción y selección que se realiza en el subconsciente para identificarlo y reconocerlo.5.- La producción en el operador de reflejos neuromusculares inconscientes.
Estos ingredientes y el conocimiento de la «atención» como función de la inteligencia para crear un estado intelectual predominante, se convierte en el acto radiestésico en «atención voluntaria» y a la voluntad actuando sobre ese estado predominante.
Como arte de la búsqueda y de las preguntas, quehacer concomitante de la vida humana, la Radiestesia permite investigar corrientes de agua, filones metalúrgicos, personas desaparecidas, objetos perdidos, autores de cartas anónimas, solución de problemas científicos, históricos y astrológicos, determinar actos de influencia mental de individuo a individuo, interrogar al pasado sobre puntos oscuros de la historia, descubrir las afecciones mórbidas de los seres vivos, escoger los elementos terapéuticos idóneos.
Las insospechadas consecuencias y derivaciones de un acontecimiento, investigación criminal, investigación geobiológica y todo el inquietante mundo de preguntas que hasta la fecha el hombre no se ha contestado.
El hombre nace preguntándose ¿ Quién soy ? ¿ de dónde vengo ? ¿ qué hago aquí ? ¿ hacia dónde voy ?, amén de tantas más, es decir, vive preguntándose y buscando respuestas a todo, su instinto, su inteligencia, su intuición, cada que encuentra una respuesta surgen más y más preguntas, un fin de fines pues, con péndulo o sin él, pero todos con la mayor o menor intuición que nos fue dada, todos somos radiestesistas.
De lo anterior podemos concluir que no importa el material del que esté compuesto nuestro péndulo, sino la reacción neuromuscular, que cualquier objeto que penda - sea éste un limón, un llavero o un anillo -, nos servirá para realizar nuestra prospección. El tamaño que recomiendo es el ancho de la palma de nuestra mano y unos tres centímetros más, aunque lo ideal es probar con varios objetos y distancias hasta sentirse cómodo.
Dr. Ramiro Jarquín Sánchez
(Transcrito de la 2ª edición de las Fórmulas Magistrales por el autor)